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La cultura chilena en el trabajo: formalidad, confianza y comunicación

Revista Vamos Contigo 252 - Expresión escrita y comprensión lectora Profesora Valentina Herrera / São Paulo, 21 de Março de 2026

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Al chileno hay que dejarlo hacer, tiene su tiempo para hacer las cosas. 


Formalidad inicial y formas de trato
Hola, ¿cómo estás?   Bueno, aquí te envío lo prometido. Lo hago a modo de análisis, como una primera aproximación a la cultura chilena.

Pensándolo bien, creo que la idea de que somos un poco formales es bastante acertada. Existe una formalidad inicial clara, probablemente mayor que en Brasil. En contextos profesionales, por ejemplo, se mantiene una cierta distancia en todo momento y se cuidan mucho las formas.

A los chilenos nos gusta primero generar un terreno de confianza. Es muy típico, por ejemplo, que en una reunión se diga: “Mucho gusto, encantado de conocerte, gracias por tu tiempo”. Usamos con mucha frecuencia fórmulas de cortesía. Esto puede dar la impresión de que somos serios, poco expresivos o distantes, pero en realidad se trata de una confianza que se va construyendo con el tiempo. Las relaciones no se dan de manera inmediata ni sencilla: se van desarrollando paso a paso.

Comienzan, como puedes notar, primero a tratarte de usted, a mantener cierta distancia, incluso en momentos formales o más rígidos de reuniones y ese tipo de situaciones. Podemos invitar a un café o algo similar solo cuando nos sentimos más confiados y queremos dar el paso de conocer más a esa persona. Antes de eso, el trato es bastante más contenido.

Diferencias culturales y percepción inicial
Sí, sobre todo —imagino— en las empresas y en los negocios, donde se elige una forma más formal. Por lo que respecta al trabajo, sin duda creo que también es importante señalar que una persona muy expansiva, muy conversadora o que se muestra cercana con todo el mundo puede parecer a veces invasiva o poco seria. Al menos así suele percibirse en un comienzo; es una primera impresión.

Espero que esta diferencia cultural se entienda bien en comparación con Brasil, donde las personas suelen ser más expansivas y directas desde el inicio. Creo que ese es un punto claramente diferencial.

Reputación, trabajo y toma de decisiones
También creo que se valora mucho la reputación. Es decir, el chileno es una persona de palabra. La palabra se cumple, los correos electrónicos se responden a tiempo. Somos muy puntuales, hablamos con mucha claridad y de forma directa cuando se requiere algo laboral. En ese sentido, existe una cierta consistencia en el trabajo, que no debe confundirse con simpatía. Podemos ser muy amables, pero al mismo tiempo bastante serios en lo laboral.

Al chileno no le gusta mucho que lo presionen. ¿En qué sentido? En que somos bastante cautelosos al momento de tomar decisiones importantes. Usamos expresiones como “lo vamos a evaluar”, “lo tengo en consideración”, “déjame revisarlo” o “lo vemos”. Estas frases se escuchan muchísimo por parte de un chileno.

Somos, por lo tanto, un poco menos confrontacionales. Nos cuesta decir inmediatamente: “no me parece tu propuesta” o “no estoy de acuerdo”. Preferimos decir: “vamos a ver”, “está difícil”, “es complicado”, “no sé, déjame pensarlo”.

Humor, códigos culturales y confianza
El humor aparece poco a poco. Somos bastante irónicos, usamos el sarcasmo y exageramos situaciones, pero nunca en la primera reunión. Primero necesitamos conocernos, tantear el terreno y ver si encajamos o no en ese espacio.

Pero somos amigos muy leales y solidarios. Creo que esa es una de las palabras que mejor nos identifica como nación. Somos un país marcado por las catástrofes: terremotos, tsunamis, incendios forestales. Siempre hay una reacción colectiva para ayudar, organizar colectas y apoyar a quienes lo necesitan. Esa solidaridad también se ve mucho en las empresas: siempre se piensa cómo ayudar desde el lugar que cada uno ocupa.

Hablamos muy rápido, lo que a veces dificulta la comunicación inicial, incluso entre hispanohablantes. Esto tiene que ver tanto con la lengua como con la formalidad. Algunos somos más formales, otros más distendidos desde el comienzo, pero en general hay muchos códigos que se van aprendiendo con el tiempo.

La modestia es un valor importante. La humildad y el bajo perfil ayudan a ganar espacio poco a poco. Nos incomodan las personas que buscan sobresalir sin motivo, llamar la atención o destacarse excesivamente. No levantamos mucho la voz, somos más bien reservados, de perfil bajo en ciertos sentidos.

Luego, cuando existe confianza, todo cambia: uno se relaja, conversa con más cercanía y la relación se transforma por completo. Creo que eso resume bastante bien al chileno: con confianza, se abre otro canal.

Valentina Herrera es chilena y profesora de español 

@España Aquí 

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