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Apropriar-se de um idioma, eu gosto deste verbo, é muito mais do que comunicar, é transformar a percepção do mundo e questionar automatismos culturais. Aprender espanhol no Brasil implica sair da inevitável zona de conforto do português para ampliar a compreensão da realidade ibero-americana.
Apropiarse de un idioma significa obtener el salvoconducto para perderse en el mundo, todo ser humano tiene el derecho de ir y venir. Pero una cosa es viajar y otra cosa es entender el lugar de destino.
Esto significa abandonar el estatus de extraño para comenzar a integrar un universo diferente, no dado, una ventana a la contestación de todos los prejuicios adquiridos con el tiempo provenientes de la propia cultura a través de la lengua materna.
La lengua como pasaporte cultural
Al mismo tiempo que las ideas preconcebidas sobre la realidad inmediata consolidan las decisiones diarias facilitando el camino, inciden con exageración en decisionaes precipitadas, colocando vendas delante de eventos que no exactamente se interpretan igual a través de la lengua de destino: el español, en este caso, (lo que hablas, ves). Algo en Brasil, siendo aparentemente lo mismo en Argentina, no es lo mismo, y la versión lingüìstica debe ser comprensible en español no interpretada en clave portuguesa. Para ello, es necesario apropiarse del idioma.
El tiempo y su experiencia da mucho con los automatismos, pero quita mucho también por el mismo motivo. Crecer y envejecer no es una característica solamente orgánica, también lo es morir un poco si se embarca en la repetición de las propias e inalterables convicciones. Es decir, un anciano envejeciendo bien es aquel que duda hasta el último instante; en ello, se hace joven.
El riesgo de los automatismos culturales
Aprender español en Iberoamérica supone una liberación de la zona de comodidad adquirida con el portugués y su manera de ver el mundo, al estirar la percepción sobre las cosas con la adquisición de una lengua hermana que las ve diferente. Dependiendo del punto de partida se puede decir lo mismo de los argentinos que quieran aprender portugués.
La lengua se caracteriza por constituirse como los ojos del ecosistema que nos rodea: es muy difícil reconocer Machu Picchu si no es en español, así como el Salar de Uyuni, o una soberbia narración de un Boca–River. ¿Cómo entender a un peruano en una calle limítrofe con los pueblos jóvenes (favelas en Brasil) intentando dar una información al preguntar si estás preocupado en lugar de si necesitas algo?
Aprender español es ampliar la mirada sobre Iberoamérica
Todo cambia: la percepción de lo dulce, el frío, la buena educación, la delicadeza de los platos o el concepto de hartura de la mesa, los tiempos del discurso, la paciencia y el orgullo.
Un idioma ralentiza la comprensión porque la extiende. Aprender español en Brasil supone un maravilloso viaje interior; ello mejora al individuo porque lo hace más complejo al prepararlo con un bagaje de conocimiento que le permite responder de manera adecuada a estímulos del ambiente exterior con respuestas no brasileñas, evitando los patrones estandarizados al transportar modelos conceptuales y comportamentales que solo sirven en su propio país.
En el caso del español, además, aproximarse a la historia de Hispanoamérica, algo que hace 500 años cambió el mundo en lo que se ha dado en llamar la primera globalización, es uno de los grandes desafíos de la actualidad.
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