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Dois mundos, dois estilos que para nada representam o conjunto das mulheres na Espanha, uma reflexão sobre modelos artificiais.
En este mundo polarizado español, existen dos tipos de mujeres polarizadas, puro cromatismo social. Como lo breve, dos veces bueno, ambos, hipocorísticos de Rosario y Manuela (o Manuel), que es una manera afectiva de lo social obedecer al concepto, es decir, de que la posverdad suplante a las cosas, representan perfiles hechos a medida para los tiempos que corren.
Hipocorísticos de mala leche
Hipocorísticos llenos de mala leche, muy alejados de su cándido propósito inicial, que es la de disminuir la distancia entre las personas: en Brasil, por ejemplo, siempre hubo legión, tenemos los Negão, Tonhão, Faustão y también, Zé. Hay tantos Zés que se puede pensar que ya estaban al principio y después vino todo lo demás.
Tópicos consabidos
Pero volviendo al asunto principal, las primeras, las Charos, representan un ejemplo de modernismo histérico lleno de tópicos consabidos que van desde los colores de sus cabellos, su posición pública y áurea social autopercibida, su militante divergencia con el orden histórico establecido y una opinión menguada del hombre, ya que pasaba por ahí. Además del amor por gatos más que por perros.
Este retazo femenino se contrapone a las Manolas que retrata un tipo de mujer de toda la vida, llena de tradición y familia, que normalmente distribuye como puede su vida laboral con la de dentro y le gusta ir a misa y a los toros (en España), por ejemplo. Cabe la duda de si el hipocorístico se obtiene de Manuel, pues el hombre es figura fundamental en su vida a diferencia de la Charo, que por ella ni habría, o de Manuela, es decir, de sí misma, como la Charo de Rosario.
Millôr Fernandes y libertad de expresión
Dos cosas más: la primera, que así como Millôr Fernandes afirmó que si uno mandando a otro era democracia pura, al tiempo que el otro devolviéndosela, dictadura, me temo que la Charo se sentirá muy mal si Manola le dice Charo a las Charos. Al mismo tiempo, llena de razón al ejercer de pleno derecho la libertad de expresión inserida en su autopercepción de elegida resolvedora de los problemas del mundo, no pensando lo mismo llamándole a la Manola, Manola. Y es de suponer que lo mismo ocurirá, pero al contrario, con la Manola hacia la Charo por esto mismo.
La segunda: descubrí a las Manolas leyendo un artículo de Mariano José de Larra, el mayor romántico español del siglo XIX (no podía ser otro siglo), y hablando y hablando de fútbol, mi cuñado me advirtió de que el hipocorístico ya no se utilizaba en el XXI.
Otra, las Charos y las Manolas cambian de nombre cada cierto tiempo, a las primeras en la Guerra Civil Española, del bando republicano, se las denominaba Tiarronas porque hacían lo mismo que los hombres, es decir, pegar tiros, como las amazonas de las películas o las valkirias de Wagner, a diferencia de las del bando nacional que cuidaban más de los menesteres domésticos o se hacían monjas.
P.D. A todo esto, Mariano José de Larra se pegó un tiro con 27 años por el amor no correspondido de una mujer, o Manola o Charo, esta última un anacronismo hipocorístico de por entoences, porque seguro que haberlas, habíalas pero no con ese nombre, pues con el paso de los tiempos los modos, que son siempre los mismos, adoptan otras formas, contingentes.
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