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Dos Españas, ¿una, una que son dos, dos en una?
Nuestras Españas inextricables no admiten tregua alguna a la vivencia de su pathos esencial: valientes o cobardes, mártires o fugitivos, hispanos de ambos hemisferios, viviendo a lo largo de los siglos de la sangre del inagotable corazón español, una pasión que arde y de la que se nutre nuestra cultura -hispana y mestiza- sin consumirse, Fénix inexplicable para un planeta perplejo ante el ser español.
Manuel y Antonio, hermanos, tan nuestros como vuestros, sevillanos y universales; ora enteros, ora quebrados por la misma muela de la existencia sin concesiones: los Machado. Vivieron, cantaron y contaron una España paradojal, indivisa en la diáspora, dividida por las controversias del siglo febril. Su teatro y poesía siguen renovando, brisa fresca, el ambiente de su tiempo -y el nuestro animados por un mismo ideal ético y estético, pleno, metafísico, en tierra hispana o en el final destierro, sin renunciar -ambos- a la más radical autenticidad.
Vivieron, cantaron y contaron una España paradojal, indivisa en la diáspora, dividida por las controversias del siglo febril.
Antonio y Manuel, son aquí evocados y convocados para recordarlos y honrarlos, hermanados, en breves líneas: sus vidas esplendorosas e iluminadoras entre plenitud, urgencia y tragedia; sus lealtades irrenunciables, testamento en las páginas de sus obras. Perviven ambos, vigentes en nuestras Españas: os pertenecen tanto como nos pertenecen, sin importar océanos ni aquelarres.
Aquí, a esta mesa imaginaria, no vienen hoy dos fantasmas, sino dos contertulios que se renuevan en el buen amor y el buen humor; el buen vino y el buen pan; el buen Dios de los Proverbios y los hondos cantares; la ternura y el combate catártico que derrota la amargura del odio y eleva el espíritu desde la palpitante tierra hasta las altas estrellas, y traen con ellos la plenitud de las Españas, su belleza y agonía, renaciendo de las cenizas del dolor o del olvido, una y otra vez, al infinito.
@España Aquí

